El Distrito ya tiene fecha oficial. El alcalde Carlos Fernando Galán la anunció en una entrevista con Blu Radio: el 15 de marzo de 2028 los bogotanos podrán subir por primera vez a un tren de la Línea 1 del metro.
La fecha no es la de terminación de las obras. Antes debe cumplirse una etapa de pruebas. Todos los componentes del sistema —trenes, estaciones, rieles, automatización, patio taller— tienen que funcionar coordinados.
Galán aseguró que la construcción superó el 80%. El mayor desafío, según él, ya no es levantar concreto. Es lograr que las piezas trabajen juntas sin descuadrar el cronograma.
El viaducto avanza con nuevos hitos. Se terminó un puente ferroviario en la avenida Caracas con El Dorado. Mide 215 metros. Se usaron unos 2.200 metros cúbicos de concreto y más de 500 toneladas de acero, con una resistencia de 50 megapascales.
Con esa pieza, el proyecto llegó a 17.558 metros de viaducto construidos. La meta total es de 23,9 kilómetros. El Distrito espera cerrar esa obra en enero de 2027.
La flota también crece. Bogotá ya tiene 17 trenes. La meta es llegar a 30 unidades durante este año. Cada tren tendrá seis vagones y capacidad para 1.800 pasajeros. Operarán sin conductor, con automatización GOA 4. Las estaciones tendrán puertas de seguridad que solo se abrirán cuando llegue el tren.
Hay otro paso previo. El corredor completo —viaducto y estaciones— debe estar terminado en septiembre de 2027. Ahí empiezan las pruebas definitivas de todo el sistema.
Galán comparó el momento con una carrera. Todos los componentes, dijo, deben llegar a la meta en el orden correcto.
El anuncio suena bien en radio. Pero una fecha de estreno no es una fecha cumplida. Este es un proyecto financiado con recursos públicos, a gran escala, con múltiples fases todavía pendientes: viaducto sin cerrar, trece trenes por entregar y pruebas que aún no arrancan.
Que el Distrito ponga fecha es normal en política. Que el ciudadano la tome como garantía, no debería serlo. Los grandes proyectos de infraestructura estatal en la región tienen historia de plazos que se estiran. Bogotá tendrá que demostrar, con hechos y no con anuncios, que esta vez es distinto.



