Fang “Christine” Fang fue presidenta de una filial de APAPA. Desde ahí conoció a Eric Swalwell y a otros políticos. Ayudó a colocar al menos un becario en la oficina de Swalwell. También recaudó fondos para su campaña de 2014.
Swalwell le dijo al FBI en 2015 que tuvo relaciones físicas con Fang «en varias ocasiones». La relación empezó en 2012, poco antes de que él llegara al Congreso. Dijo que nunca fue algo serio. Igual creía que ella quería más.
Los servicios de inteligencia concluyeron después que Fang operaba dentro de una operación política china. Cultivó vínculos con políticos ascendentes en California. También con al menos dos alcaldes del Medio Oeste, con quienes tuvo relaciones sentimentales o sexuales. El FBI advirtió a Swalwell. Él dijo que cortó el vínculo. Fang dejó el país en 2015.
Nunca fue acusada de un delito en Estados Unidos. Los investigadores no acusaron a Swalwell de participar a sabiendas en la operación. El Comité de Ética de la Cámara cerró el caso sin sanciones.
La historia debería terminar ahí. No termina.
APAPA sigue activa. Su programa de pasantías creció. La organización dice que «cientos de legisladores y funcionarios públicos» reciben y mentorean a sus becarios. Entre las oficinas que hoy figuran en su lista están las de Garamendi, Khanna, Lieu, Matsui y Chu, todos demócratas de California.
Michael Lucci, de State Armor, pidió escrutinio. «Los funcionarios públicos deberían examinar con rigor cualquier esfuerzo de APAPA alineado con los objetivos del Partido Comunista Chino», dijo al New York Post.
La figura de Henry Yin también genera preguntas. Yin lidera APAPA a nivel nacional. Tiene vínculos extensos con organizaciones chino-americanas. Medios estatales chinos lo describen como líder de la comunidad china en Silicon Valley. Viajó a China para promover inversión estadounidense.
Khanna, hoy número dos del comité de la Cámara sobre el Partido Comunista Chino, describió a Yin en 2019 como su «asesor senior en comercio exterior». Ahora su oficina dice que Yin nunca tuvo un cargo formal. APAPA, por su parte, asegura no tener información de que Fang haya ocupado un rol autorizado en la organización, pese a su participación documentada en una filial.
Que no te lo cuenten como anécdota cerrada. El personaje se fue, pero la maquinaria quedó. La misma red que sirvió para tejer relaciones con una presunta operativa china sigue colocando becarios en despachos federales, con la bendición de los mismos legisladores que dicen vigilar a Beijing.
La doble vara es evidente. Se exige mano dura contra la injerencia china en el discurso público, pero se mira para otro lado cuando la injerencia viene disfrazada de programa cívico bipartidista. El relato de la vigilancia institucional se cayó solo.


