BlackRock enfrenta una demanda por $12,4 millones. La presentó Neal Dignum, ex director de su fondo Long Term Private Capital. La acusación es directa: la firma nunca pagó la comisión que le prometió.
Dignum trabajó ahí de noviembre de 2021 a febrero de 2023. Según sus abogados, BlackRock jamás puso ese acuerdo por escrito. Lo alega la demanda presentada el lunes en la Corte Suprema de Nueva York.
«Mr. Dignum ha sido privado durante años de la compensación que BlackRock le prometió pagar», dijo Lauren Zimmerman, abogada de Dignum, en un comunicado. «BlackRock decidió no cumplir su parte del trato, incluso después de cortejar agresivamente a mi cliente durante meses».
El dinero en juego se llama carried interest. Es una porción de las ganancias de un fondo, usada como incentivo de desempeño. No es un extra menor: según una encuesta de Heidrick & Struggles de 2021, representa en promedio el 84% de la compensación total de los socios gerentes. En las firmas más grandes, puede superar el 90%.
La demanda está sellada por ahora. Dignum teme una contrademanda de represalia. Firmó, según sus abogados, una cláusula de confidencialidad «extremadamente amplia» al ser contratado. Aun así, pide que todo se haga público.
Para mantener el expediente sellado, BlackRock deberá probar ante el juez que contiene secretos comerciales o información confidencial. Si no lo logra, su estructura de pagos podría quedar expuesta en tribunal. La firma tuvo el borrador de la demanda durante casi tres meses. No respondió nada, según los documentos judiciales.
El fondo LTPC empezó a liquidarse en 2024. Por eso, argumentan los abogados de Dignum, ya no hay razón para ocultar su desempeño durante la gestión de su cliente.
El problema no es el tamaño del cheque. Es la letra pequeña que nunca existió. Un gigante de $15,3 billones en activos exige contratos firmados a sus propios clientes, pero dejó en el aire la promesa hecha a uno de sus directores. Otra vez la doble vara: la firma que vive de la letra chica se resiste a poner la suya sobre papel.
Si el caso avanza, podría abrir una ventana rara hacia cómo Wall Street reparte sus fortunas lejos de la vista pública. Que no te lo cuenten: la opacidad, en estos casos, no es un accidente. Es el modelo de negocio.


