El presidente de Tuskegee University, Mark Brown, general retirado de la Fuerza Aérea, salió a defender públicamente la exigencia reforzada de vestimenta y conducta profesional para sus estudiantes, después de que la medida generara críticas de grupos de libertad de expresión.
La universidad envió un memo previo al inicio de clases exigiendo traje de negocios y calzado formal para reuniones de tipo empresarial, vestimenta profesional en las aulas, y prohibiendo cubrecabezas no religiosos, incluidos durags y bonnets.
«Si subes la vara, los alumnos la alcanzan», dijo Brown a Fox News Digital. «¿Por qué no subimos la vara? Eso es lo que creo que deberíamos hacer. No nos disculpamos por eso.»
La Foundation for Individual Rights in Education (FIRE) cuestionó la política. Su consejera principal, Haley Gluhanich, afirmó que «Tuskegee no puede prometer amplia libertad de expresión mientras aplica un código de vestimenta que regula expresión ordinaria y no disruptiva», y agregó que, al ser una universidad privada, Tuskegee «puede optar por priorizar otros valores por encima de la libertad expresiva, pero debe ser honesta con sus estudiantes sobre los límites de ese compromiso».
Brown respondió apelando a la historia de la institución, incluidos los Tuskegee Airmen, como ejemplo de preparación para competir incluso en una sociedad con prejuicios. «Mi raza y mi etnia no tienen absolutamente nada que ver con esto», sostuvo. «El tema es la movilidad social y económica y el éxito estudiantil.»
Sobre el costo, Brown señaló que alrededor del 70% de los estudiantes de la universidad son elegibles para las becas Pell, y que el «Golden Tigers Community Closet» ofrece ropa profesional a quienes la necesiten. «Eso no va a ser la barrera entre el cumplimiento y estar listo. Vamos a eliminar esa barrera», afirmó.
Como evidencia de resultados, Brown citó que aproximadamente el 70% de los graduados de mayo ya tenían empleo asegurado. «Siete de cada diez», resumió. «Ese es el desafío. Eso es lo que deberíamos estar debatiendo.»
El relato progresista de siempre necesita un villano: aquí lo intentó vestir de «política de respetabilidad» para atacar a un rector negro que exige puntualidad, traje y certificaciones profesionales a sus propios estudiantes. El problema es que el mundo real no negocia con activistas de campus: negocia con empleadores. Y los empleadores, lo dice el propio Brown, perciben lo que perciben, no lo que la burocracia universitaria desearía que percibieran.
Que una universidad históricamente negra decida priorizar el mérito y la movilidad económica por sobre la estética identitaria incomoda a quienes viven de administrar el victimismo. El dato que no pueden torcer es el de siempre: resultados. Siete de cada diez graduados con trabajo antes de recibir el diploma. El resto es relato, y el relato se cayó solo.


