El arresto de Darwin Jonathan Rivera Flores en el Valle de San Fernando no es un hecho aislado. Así lo sostiene J. Christian Adams, comisionado de la Comisión de Derechos Civiles de EE.UU. y presidente de Public Interest Legal Foundation, en una columna publicada en el New York Post.
Adams dice haber revisado formularios de registro en California. En algunos, extranjeros admiten por escrito que no son ciudadanos. Aun así quedan inscritos para votar.
Cita el caso de Picos, en San Diego. Dejó en blanco la pregunta de ciudadanía. Lo registraron igual. Según Adams, votó de forma ilegal en elecciones presidenciales y de gobernador entre 1998 y 2008.
Menciona también a Rodriguez. De acuerdo con registros públicos obtenidos por Public Interest Legal Foundation, respondió «NO» a la pregunta «¿Es usted ciudadano de Estados Unidos?». Quedó registrado de todos modos.
Los Angeles es ciudad santuario por ley. Adams sostiene que ahí, activistas que se autodenominan «chicanos» recorren barrios con formularios buscando registrar «mexicanos». Luego entregan esos papeles a oficinas electorales que, según él, no revisan bien la pregunta de ciudadanía.
Hay más. California es estado de registro automático. En el DMV, cualquier adulto que saca licencia de conducir queda inscrito para votar sin pedirlo.
Encima, el estado envía boleta por correo a cada votante registrado, de forma automática. Adams asegura que eso incluye a extranjeros y a personas fallecidas. Quien tenga doble registro recibe dos boletas, o más. No hay verificación de quién las marca.
Adams dice haber enviado una carta a la secretaria de Estado, Shirley Weber. Documentaba 95.000 registrantes probablemente muertos. También 57.000 duplicados entre estados y 3.000 duplicados en la misma dirección. Weber, según el autor, ya conocía el problema.
El arresto de Rivera Flores es una excepción en un sistema que, según Adams, funciona así todos los días. Él mismo lo dice: hará falta un número mucho mayor de arrestos para empezar a corregirlo.
Aquí no hay ningún misterio. Cuando un estado automatiza el registro, automatiza el envío de boletas y no verifica ciudadanía, el fraude no es la excepción. Es el diseño.
La burocracia electoral de California no falló por accidente. Construyó, ladrillo a ladrillo, un sistema donde la responsabilidad individual del votante desapareció. Y cuando aparece un caso como el de Rivera Flores, la casta política lo trata como anécdota, no como síntoma.
Que no te lo cuenten como error técnico. Es la consecuencia lógica de un sistema diseñado para que nadie pregunte nada.



