El proyecto de ley AB 2017 avanza a paso firme hacia el escritorio de Gavin Newsom. La iniciativa, presentada por el asambleísta demócrata Matt Haney, de San Francisco, reconocería formalmente en la ley estatal dos festividades islámicas: Eid al-Fitr y Eid al-Adha.
El texto pasó la Asamblea de California con una votación de 64 a 1. Ahora necesita luz verde del Senado antes de que termine la sesión legislativa este lunes para poder llegar a manos del gobernador demócrata.
¿Qué hace exactamente la ley? Permite que los empleados estatales usen créditos de días festivos que ya tienen acumulados para tomarse libre esos días. Además, habilita a las escuelas públicas y colegios comunitarios a cerrar en observancia de ambas fechas.
Eid al-Fitr marca el fin del Ramadán, el mes de ayuno islámico. Eid al-Adha conmemora la disposición del profeta Ibrahim a sacrificar a su hijo por obediencia a Dios. Son, sin duda, fechas centrales para millones de creyentes.
Haney defendió la medida con el lenguaje que ya conocemos de sobra en Sacramento. «California es hogar de una de las comunidades musulmanas más grandes y vibrantes del país, y sus tradiciones merecen reconocimiento y respeto», dijo en marzo. Fue más allá: «Ningún estudiante debería tener que elegir entre celebrar uno de los días más sagrados de su fe y presentarse a la escuela, y ningún trabajador debería sentir que tiene que sacrificar su observancia religiosa».
Haney también enmarcó el proyecto como una cuestión de igualdad de trato: «AB 2017 se trata de asegurar que los musulmanes de California sean vistos, valorados y tratados con la misma dignidad que cualquier otra comunidad de nuestro estado».
Los defensores del proyecto argumentan que facilitará que trabajadores y estudiantes musulmanes participen en las oraciones de Eid y pasen las festividades con sus familias.
Nadie discute el derecho de cualquier ciudadano a practicar su fe sin obstáculos. Ese es precisamente el problema de fondo: cuando el Estado empieza a redactar calendarios oficiales de qué festividades religiosas «merecen» reconocimiento legislativo, deja de ser un árbitro neutral y se convierte en gestor de identidades.
La Asamblea de California, con supermayoría demócrata, aprobó esto 64 a 1. No hubo debate real, no hubo fricción. Otra ley que nace ya blindada del escrutinio, camino directo al escritorio de Newsom en un estado donde la burocracia estatal rara vez encuentra un proyecto de expansión que no le guste.
El problema no es Eid al-Fitr ni Eid al-Adha. El problema es el precedente: cada vez que el aparato legislativo decide oficializar el calendario religioso de un grupo específico, abre la puerta a que cualquier otro colectivo exija su turno en Sacramento. Y así, paso a paso, el Estado deja de limitarse a garantizar libertad de culto y empieza a fabricar jerarquías de reconocimiento. Que no te lo cuenten como un gesto de «inclusión»: es la misma lógica identitaria de siempre, con otro nombre en la etiqueta.


